Y entonces creo que es la indicada y me pierdo en sus labios, en su risa confusa, su mirada de antaño. Y entonces creo que es la indicada y la pienso de noche, mas la sueño de día, consciente del fervor que produce encontrarla.
Y en medio de aquel imbécil proceso de convencimiento llega otra risa, otra mirada, labios más rojos. Y entonces creo que es la indicada y la sueño de día, la pienso aunque el pensar sea así, desacertado.
Y entonces la busco y la encuentro en la ventana, y la sigo buscando, y la sigo encontrando sin encontrar nada. La busco imposible, la busco en mi risa, sus ojos de antaño.